Soy una pelota cuadrada



Recuerdo una vez durante mi infancia, andaba con mi papá viendo un partido de fútbol en mi pueblo, estábamos sentados en la gradería junto con personas de todo el cantón; era un partido muy emocionante y el equipo del pueblo se jugaba su pase a la segunda ronda para disputar la final a nivel provincial. Durante el entretiempo, un sujeto unos 5 años mayor que yo se me acercó, vio mis tenis y me dijo: "¿Cómo usted no anda tenis de marca?, (yo tenía si acaso 10 años), volví a ver mis tenis y dije: "Pero ¿qué tienen de malo mis tenis? A mi me gustan y son cómodas (pero ni idea de la marca)". Ahí fue cuando tuve mi primer experiencia con esto de los estatus y las apariencias.
Desde ese entonces entendí la necesidad de sobresalir y "ser alguien" en la vida, de mantener un perfil según lo establecido por la sociedad, el que más tiene, más presume y "ser más que vos"; lo que no sabía era el daño que me estaba haciendo al permitir que la sociedad dictase esa imagen tan materialista sobre cómo debo vestir y peor aún, cómo comportarme si quiero llegar a ser alguien, si puedo demostrar ser mejor que los demás según la marca de mis tenis. De aquí nace la necesidad incesante que todo ser humano posee (hasta cierta edad, pronto llegaré a explicarlo) de querer encajar, dime la marca de tu celular y te diré quién eres, dime el año de tu carro (si no tienes, no existe probabilidad de ser alguien en la vida, las personas exitosas no viajan en bus. No me malinterpretes, eso lo dice la sociedad, no yo.) que sin querer nos embarcamos en apariencias, en deudas y en un estilo de vida que no es sano, que no es el que te pertenece. Y es que esto se va más allá de lo material, de marcas, relojes de manzanita y vehículos europeos. Nuestra personalidad y la forma en que nos desenvolvemos con los demás también se adapta según lo dicta la sociedad, no somos esclavos recibiendo latigazos, pero si vivimos con el miedo al rechazo, a ser señalados y al desprecio de los demás, de personas que no conocemos, que no nos dan de comer ni nos ofrecen dinero; vivimos preocupados por lo que se diga de nosotros que olvidamos ser realmente nosotros mismos, olvidamos que vida solo hay una y que el tiempo pasa y no se devuelve. Siempre me ha resultado curioso cómo las personas al llegar a una edad avanzada se vuelven más relajados, viven más tranquilos y menos preocupados, aprendiendo a aceptarse tal cual, a quererse en su totalidad y a ser felices independientemente de lo que los demás piense, digan o incluso los señalen y los tachen de ridículos o igualados. Yo pienso que ya entendí porqué son así, al llegar a los 30's entendí que no es sano vivir de apariencias, de caretas y falsedades, quienes te quieren que sea por quien eres y no por lo que tienes o por quien aparentas ser, entre más real y sincero seas contigo mismo y con los demás, más relaciones sanas tendrás en tu vida, vivirás tranquilo porque sabrás que aunque no sos perfecto pero al menos sos honesto y no te interesa o preocupa agradar, caer bien o mantenerte en lo que la sociedad dicta que debes. Ojalá desde niños en vez de enseñarnos a tener las tenis de marca, el celular más nuevo o la ropa más fina, nos hubieran enseñado a ser más reales, más sinceros y amarnos así como somos, aceptarnos tal cual como somos y aspirar a tener personas que nos acepten y amen así, con defectos, viajando en bus y con tenis que no son de marca.

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