El ser humano, perfecta creación producto de miles de millones de años de evolución, una máquina sin comparación alguna que se mejora así misma día con día.
Bendito el día en que, producto de nuestra propia evolución y mejoría, tomamos la decisión de querer compartir nuestra existencia y permanencia en este mundo junto a otra persona que nos parezca atractiva en la mayoría de aspectos posibles. Es una decisión que tomamos recién dejamos la adolescencia, la necesidad de compartirnos con alguien más, querer compartir experiencias, conocimientos y que nos ayude a crecer como personas. Pero resulta que los tiempos modernos han cambiado mucho la comunicación como las relaciones interpersonales a un grado que ya es más fácil salir herido, ser engañado y utilizado por culpa de esa extraña necesidad que tenemos de querer conocer y compartir nuestra vida con una persona. Malas experiencias pasadas y ser testigo de casos dolorosos y complicados de amigos y familiares han desarrollado en nosotros un miedo enorme a conocer a otra persona, a no saber si es así solo conmigo o si le dice lo mismo a todos los que conoce, saber si en serio quiere algo serio o simplemente soy un pasatiempo; el abanico de posibilidades es tan amplio y tan probable que cualquier opción por más bizarra que parezca tiene cabida en ser verdadera, entonces llega a nuestra existencia la pregunta del millón, ¿qué me asegura cómo saber que no estoy perdiendo el tiempo?. Las telecomunicaciones facilitaron tanto poder intercambiar opiniones y comentarios con otras personas que ahora resulta demasiado simple conocer personas de todas partes del país, lo que aumenta la probabilidad de ser visto como "uno más del montón" o un "pasatiempo mientras encuentro a una persona mejor", pero no seamos hipócritas, la moneda gira mostrándonos ambas caras, pudiendo ser nosotros los que aprovechemos esa ventaja tecnológica y nos dispongamos a querer conocer al menos al millar de personas y tal vez alguna de esas personas nos haga querer dejar de buscar, pero la duda sobre si podremos conocer a alguien mejor, si el "amor de mi vida" me sigue buscando y mientras tanto yo continúo en una relación que con el pasar del tiempo se llenó de rutina, aumentó la mala comunicación, la libertad escasea y deba pedir permiso hasta para salir a tomar una cerveza con unos amigos o ir a cantar al karaoke.
Todo este cambio generacional de conocer personas aumentó el miedo de que el tiempo pase y no lo estemos aprovechando de la mejor manera, pero mientras tanto el tiempo sigue avanzando y nosotros aún no logramos decidir qué queremos ni quiénes somos, hoy quiero recorrer el mundo conociendo personas y mañana solo quiero estar en casa viendo netflix con mi pareja. Mientras todo eso pasa, existen corazones heridos, confundidos y frustrados que no los dejaron ser, hacer ni amar como ellos quisieron, mientras tanto no puedo dejar de preguntarme... ¿porqué le tenemos tanto miedo al compromiso?
Desde parejas en unión libre con años compartiendo la vida juntos y que dicen que no hace falta matrimonio; parejas de novios que no quieren casarse pues creen que aún es temprano pero la idea de juntarse les da tanto miedo como ver al sacerdote esperándolos en el altar. Desde el momento en que conoces a una persona que te parece atractiva debes tener claro qué quieres hacer, a partir de cuántas citas puedes ir planteándote qué harás, pero no lo haces, tienes miedo a salir herido otra vez, tienes miedo que sea otra de esas relaciones tóxicas dañinas que solo te robarán tu tiempo, tu paz y tus ganas de encontrar a alguien con quien compartir tu vida.
El problema no está en no querer abrirle las puertas de una persona que recién conoces de buenas a primeras, lo primero que debes tener muy presente es tu bienestar individual y luego si decides abrirte a conocer a otra persona, debes darle el beneficio de la duda y ofrecerle la oportunidad de demostrarte quién es y qué es lo que busca de ti; aunque seamos sinceros, el gusanillo del miedo y la desconfianza no calla su voz ni a los meses ni a los años y en ocasiones ni en toda una vida.
Soy fiel creyente del refrán: "ladrón juzga a ladrón según su acción", por eso no pierdo la esperanza de encontrar a una persona sincera que busque compartirse tal como es sin doble personalidad ni intereses de por medio, simplemente quieras pasarla bien, y eso es bueno, es muy bueno, pero lo malo es cada vez son menos las personas que comparten mi forma de pensar; cada vez son más los que quieren "pasarla bien" y quienes jamás se muestran tal como son por miedo a que un día les abandonen o les rompan el corazón.
Está bien tener miedo, lo que no está bien es dejar que el miedo te controle.

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