El mundo es una galleta

No encuentro palabras con las cuales dar inicio, no existen momentos previos en los que desarrollo mi idea, simplemente me he dejado llevar por la pasión y mi necesidad de expresarme, de limpiar y desahogar todo lo que en mi mente habita, sé que una vez más sonaré egoísta pero soy yo quien permito que el mundo sea prioridad en mi vida y sigo sintiendo que ya es tarde para cambiar y luchar contra ello. 
¿Alguna vez has sentido la necesidad de abrirte y soltarte, mostrarte tal cual y expresar todo lo que sientes sin siquiera tomar un segundo en pensar en lo que pueden pensar los demás? (Así deberíamos ser siempre, pero lamentablemente nos ponemos por debajo de cosas materiales e insignificantes y olvidamos que debemos ser nuestra primer prioridad y si nos queda tiempo, energías y capricho suficiente para intentar complacer algo más, pues hacerlo)
Me sucede muy a menudo, de hecho me sucede miles de veces cada día. Durante mi infancia se me inculcó a llevarme bien con los demás, a obedecer ordenes, seguir reglas y lineamientos que la sociedad ha establecido pero desde hace más de una década me detuve por un momento y me pregunté: ¿Y porqué debo darle prioridad a lo que la sociedad diga, piense o establezca? ¿Quién decidió que es la sociedad la encargada de imponerse en mi estilo de vida? ¿Y qué pasa si la sociedad está equivocada y todos obedecemos como borregos sin cuestionar la manera en que este estilo de vida puede acabar con la inspiración, la motivación, las ganas e iniciativa de algunas personas de querer ser felices, con tal de seguir y obedecer a la sociedad? 
Lo que pasa es que no nos enseñan a pensar, nadie nos dijo que es importante sacar el rato y analizar, estudiar lo que sucede a nuestro alrededor, nadie quiere saber lo que pasa en nuestras cabezas, solo  esperan que sigamos a los demás y seamos uno más del montón. Durante el proceso educativo se nos inculca a obedecer y a nunca sobresalir, es hasta cuando se inicia el ciclo avanzado donde empezamos a ser evaluados por nuestro nivel de cuestionar y reflexionar toda acción y decisión tomada y ejecutada. De repente llegan a existir casos aislados de personas que durante la marcha diaria de seguir a los demás toman la excelente idea de darse cuenta que aunque siguen a los demás, no están encadenados, nadie los apunta con un rifle ni son azotados con un látigo; resulta ser que tememos al rechazo social más que a cualquier arma de fuego, sentimos frustración y pánico si se nos aparta y señalan con el dedo, solo porque nos dimos cuenta que no queremos seguir a los demás, queremos disfrutar la vida, vivirla intensamente y dejar de hacer lo que todos hacen porque aparentemente hacerlo nos llevará a una vida buena y plena (no lo digo yo, lo dice la misma sociedad que te juzga sin derecho a defenderte y te hace daño sin tomar en cuenta las razones por las cuales has decidido ser diferente). Perdona, no quiero decir que la sociedad tenga asegurado un estilo de vida pleno o ni siquiera cerca de ser perfecto, quiero decirte que la única manera de saber si sobrevivirás en el camino de la vida es abriendo tu propio sendero, nada ni nadie puede asegurarte que te irá bien, incluso siguiendo a los demás encontrarás mil problemas, muchas decepciones y decenas de miles de fracasos, pero no te preocupes, toda acción conlleva una reacción y toda reacción buena o mala deja una enseñanza. 
Así pues, las cosas no han podido ser más claras. No se trata de hacer lo que los demás hagan, no se trata de darle prioridad a lo que los demás digan, se trata de alcanzar el nivel máximo de amor propio lo suficientemente abundante como para que la única opinión y el único comentario que te afecte completamente sea el tuyo propio; eso si, no te será fácil, debes empezar a dejar claro que no está mal ser diferente, está mal pasar por la vida sin haber sacado un momento ni un segundo para levantar la cabeza y darte cuenta que nadie te dijo porqué debes seguir a los demás. Por lo menos debes reconocer que aunque tal vez no fue fácil o temprano, lograste abrir los ojos y darte cuenta que pasan los años y nadie tiene la respuesta a todos los problemas, ni te ha llevado en una caja el secreto de la felicidad eterna o mucho menos tiene la solución para alcanzar la vida plena y perfecta de la que todos hablan; si ni siquiera somos perfectos como seres vivos, ¿porqué esa insistencia en tener una vida que refleje perfección? La satisfacción de al menos intentar alcanzar nuestra propia felicidad dentro de la aprobación y valoración de la sociedad no debe ser nuestra prioridad, hace miles de años que hemos estado evolucionando, ya es hora que empecemos a desarrollar un pensamiento más allá del ordinario sentimiento de integración sin importar cuán pintoresco nos parezca la idea. Estamos destinados como seres evolucionados y raza superior de entre las demás, a dar un paso adelante y llevar a cabo un estilo de vida diferente al promedio, no pensar en el miedo al rechazo sino en la tranquilidad de ser libres, abiertos y expuestos como los seres humanos que somos, imperfectos pero no con ello justificando que estamos dañados o defectuosos, porque sabemos que la realidad es completamente otra, somos seres que evolucionamos nuestras mentes y tomamos la decisión de salirnos del rebaño y no tener miedo a represalias o castigos, porque las pocas personas que en verdad nos aman tal cual como somos, deben amarnos en la totalidad de quien somos y si no pueden hacerlo, entender y apartarlos de nuestros caminos, que ya la vida es muy difícil y complicada como para agregarle más piedras que solo buscan hacernos tropezar. 




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