Abriendo la caja de pandora

No sé cuál fue el día, cuándo pasó, dónde ni cómo, pero de repente me di cuenta que ya había pasado mucho tiempo desde que empecé a encerrarme en mí mismo, a guardarme para mi lo que me sucedía, para mi bien o tal vez para mal, pero han pasado muchos años y no me es fácil cambiar; volver a empezar o reiniciar esa parte de mi que he sido y llevo siendo por tanto tiempo no me resulta tarea sencilla. A estas alturas de la vida me siento muy cómodo y no siento que exista algún error o necesidad de cambiar en ese aspecto, sencillamente me acostumbré a ser yo para mi, de mis errores aprenderé y de mis aciertos cultivaré confianza en mi y tendré más claro mi lucha por lo que quiero y anhelo. 

Cuando al fin creí alcanzar un equilibrio, estabilidad y comprensión acerca de mi mismo, de quién soy y lo que sucede a mi alrededor, resulta que el destino me reclama el resultado de todo por lo que pasé; de repente no está bien ser así, debo abrirme a mis seres queridos, pero no quiero, son mis problemas, mis decisiones y es mi vida, más allá de no querer compartir quien soy y lo que me rodea, siento que no resulta necesario hacerles saber sobre todo ello, pienso que lo único que puedo hacer al abrirme y mostrarles todo lo que se lleva mis pensamientos días y noches es ocasionarles el mismo estrés, la misma ansiedad e incluso la misma frustración que me está pasando a mi, no quiero agregarles más preocupaciones, no creo necesario ni útil, no considero apremiante hacerlo; después de todo, he pasado muchos años sin hacerlo y todo ha tenido un buen desenlace o al menos aún sigo en pie, con vida y con ganas de seguir adelante; ¿pero cómo saber si estoy equivocado o no? No me siento a gusto, me siento obligado a hacer lo que no quiero, no puedo, no soy yo. No lo niego, si me he abierto a otras personas, sin relación sanguínea, en ocasiones he sido bien recibido, en ocasiones me han sigo de mucha ayuda, pocas veces me he arrepentido y en una sola ocasión me arrepentí como nadie más podría, víctima de mi inocente necesidad de mostrarme tal cual como soy pero ante la persona equivocada. Con los años que cargo encima ya he visto lo suficiente del mundo y de la vida misma para creer con certeza que el parentesco no es razón suficiente ni de mucho peso para brindar alguna garantía positiva. Entonces, he llegado a la conclusión que muchos pueden conocer la parte de ti que desees mostrar pero muy pocos, casi que contados con los dedos de una mano, son quienes merecen conocerte en totalidad y aún así siempre existirá la posibilidad de que el margen de error sea mayor al que has calculado, y de ser así, preferiría que sea un desconocido quien me juzgue, me señale y me odie por ser quien soy y no un familiar a quién siempre tendré en mi vida aunque no lo quiera; ¿acaso sigo siendo inocente o estoy equivocado?

Comentarios