¿Naranja dulce o limón partido?

Es de todos bien sabido que las relaciones interpersonales afectivas entre los seres humanos son tan diferentes como únicas; la comunicación exitosa entre las personas es de vital importancia en nuestro día a día y gracias a la tecnología se han acortado las distancias físicas al mismo tiempo que ha vuelto aún más compleja la búsqueda de una relación exitosa, entonces ¿cómo saber si una relación afectiva te vuelve una media naranja o si estás destinado a ser un limón entero? 
El mundo nos obliga a empezar lo antes posible la búsqueda por encontrar "nuestra otra mitad", esa que nos vuelve una persona plena y completa nuestra existencia como seres humanos. 

¿Qué tanto es el amor que sentimos y la aceptación que tenemos hacia nosotros mismos? ¿Cómo está nuestra autoestima? ¿Cuándo permitimos que otras personas nos hicieran creer que somos la media mitad de alguien? ¿Valemos la mitad de una persona con pareja? ¿Necesitamos de otra persona para ser felices y sentirnos satisfechos? Todas las relaciones afectivas son muy productivas y provechosas, absolutamente cada una de ellas es digna de aprecio y agradecimiento pero ¿cuándo y porqué aceptamos la idea de buscar a otra persona para estar completos y alcanzar la verdadera felicidad?. No niego las ventajas de establecer una relación afectiva con otra persona, acepto que no se vive de la misma manera, pero me niego a pensar que vivir en pareja sea equivalente a vivir feliz. 

Toda relación interpersonal es importante y cumple una función en nuestras vidas, amigos, colegas, compañeros, vecinos y familiares cumplen un objetivo que aunque no en todos los casos es el mismo, logran de alguna manera dejar huella, aprendemos de ellos, formamos nuestras perspectivas, nuestra personalidad, nuestra forma de pensar pero somos un ser completo, perfecto aún siendo imperfectos y valiosos como importantes sin tener otra mitad que nos aumente nuestro valor.

La falta de amor propio,sumada a la baja autoestima, los estereotipos, el rechazo por ser diferente y el miedo a la soledad nos generó un pavor tremendo, tanto que llegamos a aceptar la condición de necesitar de otra persona para sentirnos bien con nosotros mismos y  presagiar estabilidad y plenitud. 
Tal vez olvidamos mantener los pies en la tierra; tal vez el proceso químico que ocurre en nuestros cerebros cuando comenzamos a conocer a una persona con quien entablamos una relación afectiva pasional nos hace omitir el detalle que el placer y la satisfacción que nos hace sentirnos queridos, importantes y especiales para una persona NO implica que la vida vaya a ser justa o más sencilla, la pareja es como la luna a la tierra o cual Sancho Panza al Quijote. La pareja es desde sus inicio y en todo momento no es más que un complemento; nuestra vida es consecuencia de nuestras decisiones, de nuestras metas, de nuestra pasión por vivir, de nuestras ganas de ser mejores y de nuestros deseos por hacer de esta vida una contienda que estamos destinados a perder pero no sin antes dar pelea.

Me niego rotundamente a pensar que necesito de "otra mitad" para estar completo, rechazo completamente consentir el pensamiento que se necesita de otra persona para que sin importar lo que haya logrado o hecho, sin esa "media mitad" nunca estaré completo ni conoceré la felicidad plena; al final uno se termina haciendo daño porque la sociedad, la misma que nos dice que nacemos y morimos solos pero que durante ese periodo debemos encontrar a esa persona que nos complete, es la misma sociedad que nos dice que cuando no la encontramos sentimos un enorme vacío, un trauma y una frustración al no encajar en la sociedad, nuestra vida deja de tener valor y que pierde totalmente el sentido. 

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