Deshojando margaritas, poniéndole precio a la dignidad.

Si algo damos por sentado la mayoría de los seres humanos es que somos dueños de nuestra propia dignidad, producto de años de aprendizaje, experiencias, consciencia y amor propio; nosotros le damos un valor, un precio o un nivel el cual en ocasiones permitimos negociarlo o lo elevamos para que nada ni nadie ni siquiera intente alcanzarlo. 

Vivimos en una sociedad muy activa, cambiante y que aspira siempre a lo más alto, lo más nuevo y lo más valioso; la comunicación acortó las distancias físicas pero agrandó las distancias emocionales. Nos comunicamos con personas a kilómetros de distancia pero estamos sentados a la mesa con personas a quienes ni siquiera vemos a los ojos, personas que desconocemos cómo se encuentran, si están bien o si al menos son felices. Asumimos que al no existir distancia física estamos demostrando interés, compartiendo tiempo de calidad con quienes tenemos cerca y con quienes tenemos. Pero, ¿cuántas veces damos por hecho las cosas y luego nos damos cuenta que no es lo que pensábamos, que no sienten lo mismo o que simplemente les es indiferente lo que pensemos o sintamos? simplemente no se puede obligar o exigir a una persona a que nos quiera igual ni a que sienta lo mismo. Entonces, ¿hace falta hacer berrinche? Está claro que no existen problemas de tiempo o de horario, simplemente existen PRIORIDADES. Todas las personas tienen claras cuál es la clase de prioridad que eres para ellas, puede ser que estés POR DEBAJO DE LA FAMILIA O DEL TRABAJO, ¿qué más quieres? ¿Ganas algo con un berrinche? ¿Hace falta perder así la dignidad y reclamar por las migajas de afecto que has estado recibiendo? ¿No prefieres cortar de raíz todo y demostrar que eres muy consciente de cuánto vales y que recibes el afecto que crees merecer? 
Ya mucho daño te hace mendigar afecto, ahora, yo siendo tú no haría nada, en mi opinión lo más sano y productivo que puedes hacer es tomar distancia de esas personas para quienes no eres prioridad, puede que noten tu ausencia, puede que nunca lo sepas, pero sé digno y vete sin decir nada. Tú puedes y debes aceptar las cosas como son y seguir tu vida; de nada sirve un berrinche sin importar el grado de la magnitud con la que se desarrolle. 
En cuestiones relacionadas al afecto uno no puede exigir ni obligar a ser correspondido, el afecto por obligación o por lástima, en mi opinión es aún peor. 


Comentarios