Los 30... ¿Y la crisis?

Desde que nacemos hemos celebrado la vida, cada momento y oportunidad es buena para rodearse de personas que uno estima y aprecia; la bendición de la vida y el regalo de un presente que aunque algunas veces no es ni siquiera cerca de ser perfecto ni tiene un pizca de ser color rosa, no nos logra arruinar la fortuna de estar aquí. 

Como niños plagados de inocencia y muy pocas preocupaciones, nuestra labor se basa en vivir cada día, pocas veces pensamos en el mañana, lo vemos muy lejano, pensamos que aún falta mucho (y en efecto, así es) para llegar a ser adultos, con un trabajo estable y muchas responsabilidades que tal vez desconozcamos, no son ajenas del todo ya que vemos cómo son las vidas de nuestros padres y tomamos por sentado que probablemente la vida no siempre puede ser tranquilidad y felicidad, sino que es justo el equilibrio de pasar por todo tipo de situaciones y quehaceres para poder disfrutar aún más los momentos de recreación y esparcimiento con nuestros seres queridos. 

Con el pasar de los años empezamos a notar algunos cambios, en ocasiones bruscos y muy rápidos, que no estamos preparados a recibir ni hacerles frente. Al ver los años expresados en números ordinarios poco a poco dejan de causar gracia, pausadamente la vida se nos va, se amplía el número de los años, en heridas y cicatrices, en lecciones aprendidas y en momentos vividos, pero curiosamente cuando la cifra de la edad llega a tener una terminación en cero causa CAOS y llega a ser como una bofetada que nos obliga a hacer un alto muy latente en nuestras vidas y en nuestra conciencia, mas no se ve ningún cambio en nuestra realidad, es solo un número más. Cuando la cifra termina en cero es momento obligatorio de hacer un alto, una pausa o frenarse para observar todo a nuestro alrededor, lo que somos, lo que hemos logrado, donde estamos, lo que estamos haciendo y hacia dónde nos estamos dirigiendo. Claro, por supuesto muchas veces no tomamos conciencia de las cosas, de lo que nos rodea, de los detalles que han marcado desde nuestra forma de pensar hasta nuestro estilo de vida, de vestir, de expresarnos o hasta de sentir. 

El novelista Óscar Wide dijo una vez: "A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante." y ese instante nos llega al cumplir 30 años; a los 20 años somos adultos jóvenes, aún exentos de responsabilidades y no tan mayores como para preocuparnos del futuro ni del presente, mientras que a los 40 años ya somos adultos conscientes y más estables ante los cambios. En la edad de 30 años estamos en un cambio transitorio que no queremos aceptar porque en teoría dejamos de ser jóvenes pero no somos viejos, estamos en la plenitud de la vida y empezamos a achacarnos las tantas cosas que no hicimos por pereza, por miedo, porque pensamos que luego tendríamos tiempo, que tal vez no era necesario hacer o que sencillamente no hicimos porque siempre pensamos que habría un mañana, siempre seríamos jóvenes y el tiempo no pasaría dejando factura ni a corto ni a mediano paso. El tiempo nunca se ha detenido pero sin embargo al llegar a los 30 sentimos que ahora es más notable que nunca antes y nuestra perspectiva de la vida cambia, empezamos a detallar todo lo que no tenemos, lo que no hicimos, lo que perdimos, lo que no logramos y nuestra mente hace eco en todo nuestro cuerpo, perdemos el sueño, el apetito y hasta la noción de lo que nos rodea ante tal desazón. 
En realidad todo sigue igual, nada ha cambiado, inclusive el número que cambió a una decena diferente solo es una cifra mayor al que tenías hace poco, sin embargo ante nosotros se abre un mundo de incógnitas, de señalamientos, de sentencias hacia nosotros y demandas hacia las oportunidades que tuvimos y no aprovechamos o las que ni siquiera intentamos tener y que ahora sentimos que es muy tarde. 

Pero si lo piensas un poco, tener 29 o 30 no hace ninguna diferencia, seguimos teniendo el presente, seguimos siendo dueños de nuestras vidas, de las decisiones que tomamos y de los cambios que aceptamos o aplicamos. Esa "susodicha crisis" de los 30 solo intensifica lo que no somos, lo que no tenemos, lo que no hemos logrado (cuánta negatividad hacia nosotros mismos, ¿no crees?); pero somos nosotros quienes permitimos que ese trance dañino y nocivo haga eso. Debemos de ver hacia atrás y detallar TODO lo que hemos logrado, el éxito laboral, académico, la fortaleza mental y física, la estabilidad en las relaciones interpersonales y la independencia personal. Ya no somos los recién salidos del colegio con 20 años que no conocen la ciudad, que no saben conducir, que les da miedo ir a una entrevista de trabajo o que no saben qué estudiar o qué quieren hacer con sus vidas. ¡No tenemos la edad donde todo es confuso! Nosotros sabemos lo que queremos, hacia dónde vamos y quiénes somos, lo que valemos y lo que estamos dispuestos a dar para conseguir cada una de nuestras metas. En serio, la famosa crisis de los 30 es solo el inicio de un ciclo cuya cantidad termina en 0 y que nos hace pensar; cada año somos conscientes de que nos estamos haciendo mayores, más sabios, más valientes y más experimentados. Es cierto, a nadie le gusta saber que se está haciendo viejo, pero si me preguntan si quisiera volver a tener 20 o si preferiría quedarme en 30, no tendría que pensarlo. Mis 30 y mi presente solo lo cambiaría por algo mejor, retroceder no está en mis planes y evidentemente tampoco en los tuyos!!!

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