El Perro del Zoológico o del Circo

¿Alguna vez has visto un perro como parte de los atractivos de un zoológico? En alguna ocasión te has puesto a pensar ¿porqué no ves perros en un zoológico?, ¿nunca?. Puede que te resulte tonto o hasta ilógico ver un  perro en un zoológico, pero piénsalo rápido, es un animal, un  mamífero, omnívoro, existen muchas clases diferentes, de todos tamaños, pesos, colores... ¿Porqué no se muestran en los zoológicos? Todo apunta a que califica para estarlo, ¿no crees?. En nuestra vida nos hemos acostumbrado a verlos ser libres, corriendo, jugando, bañándose en lodo, entre hojas secas o hurgando en la basura, pero se nos hace muy raro e inconcebible verlos en una jaula, como atracción en un zoológico.
Pensándolo un poco, creo que se vería mejor un perro en el circo. Le enseñan trucos, le dicen qué hacer, cómo comportarse, qué no debe hacer y está en la obligación de hacer caso o será castigado físicamente o sin derecho a comer en el transcurso del día; si, creo que sería mejor ser un perro del circo, que con mis trucos la gente se sienta feliz, entretenida y olvide que yo también tengo derecho a vivir la vida, a ser feliz y a tomar mis propias decisiones. Creo que soy un perro de circo que al menos le habría gustado ser un perro del zoológico, que aunque no sea totalmente libre al menos puede hacer lo que se le antoje en su jaula, o al menos gran parte de lo que quiera hacer y ser, lo pueda hacer y ser. 

Hay momentos en los que el tiempo se detiene frente a mi y me dice: ¿Qué has hecho y qué estás haciendo? Preguntas que me llenan de ideas y reflexiones por largas horas que al final resulta que fueron unos cuantos segundos pero que me marcan profundo en mi ser. No es ser malagradecido, no es egoísmo ni es inconsciencia, es querer ser libre, una sed enorme que arde en ganas por ser libre, de todo y de todos. Ser yo en todo mi esplendor, en todo mi ser; sin miedo al rechazo, sin vergüenza del qué dirán y sin importar los cambios que lleguen por culpa de mi tonta decisión de querer ser yo, de tomar mis decisiones erróneas, de no saber expresarme, vestirme o ni siquiera de pensar. Todos nos detenemos a pensar en cómo son las demás personas, pero muy pocas veces profundizamos en las razones por qué las personas son como son. En mi caso particular, soy producto de las decisiones de mis padres, sumado a algunas cuantas hechas por mi, que aunque la gran mayoría de las veces no agrada a los demás, he topado con la dicha de encontrarme personas que no solo no me juzgan sino que me aceptan como soy y creen que soy agradable. Que no me exigen comportarme de una manera establecida o predeterminada, sino que les atrae mi forma desinteresada de ser.

Existen momentos donde nos ahogamos por la falta de libertad y estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario para poder gozar de ese derecho y necesidad que tenemos de ser libres; que no sea por ley, religión o por lástima u obligación que nos dejen serlo, que sea porque es tan vital para nosotros como el aire en nuestros pulmones. No sé si logre alcanzar tal libertad sin sentirme culpable de no satisfacer las exigencias de las masas, de entretenerlos, hacer lo que me piden y guardar silencio sin importar lo que sienta o piense; tal vez pueda llegar a un nivel de estabilidad mental y espiritual donde con el único requisito de ser libre porque quieras serlo, no porque nadie te lo exija y sin importar si a los demás les hace gracia, entretiene o quieran verte libre... serlo porque es la razón por la cual no estamos en un zoológico ni en un circo. 

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